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31-03-2021
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AQUÍ SÍ HAY PLAYA
La (e)moción de Ayuso
Por Pedro Corral, Periodista y escritor. Diputado del PP en la Asamblea de Madrid


Solo alguien capaz de decir tan irresponsablemente que “hemos vencido al virus” cuando se estaba gestando ya la segunda ola de la pandemia, podía ser capaz de urdir, igual de irresponsablemente, un movimiento de zapa contra la estabilidad política en media España cuando no hemos salido aún de la tercera ola.

Esto es lo que ha hecho Pedro Sánchez con la ayuda inestimable de Inés Arrimadas para intentar derribar de un manotazo los gobiernos regionales de Murcia, Madrid, Castilla y León y Andalucía sin otro motivo que el “quítate tú que me pongo yo”, el tipo de proyecto político que, como es bien sabido, tiene tan en cuenta los intereses de los españoles como Echenique los derechos sociales de su empleado.


La jugada de Sánchez demuestra, por encima de todo, una inquietante anomalía en los actuales responsables del Gobierno de España: les aburre soberanamente asumir sus responsabilidades ante los ciudadanos porque conciben la política como un mero escenario de agitación y propaganda, no como un instrumento para afrontar decisivamente las soluciones que necesitan tantos problemas como se acumulan en la nación.


Para Pedro Sánchez, lo mismo que para Pablo Iglesias, no hay mejor vía de escape a los acuciantes problemas reales de los españoles que convertirse en actores de su propio drama. Ahí tenemos al presidente del Gobierno interpretando con aire galdosiano, con chistera, levita, reloj de cadena, el papel de muñidor que propone y dispone cambalaches para derribar gobiernos autonómicos comprometidos en plena lucha contra la pandemia, en vez de asegurar la llegada masiva de vacunas que nos libren de esta pesadilla de una vez por todas.


Y qué decir del disparatado guion de la serie que representa el vicepresidente segundo, donde pretende disfrazarse ahora de líder revolucionario en los comicios de Madrid para desceñirse el corsé de casta en que se ha embutido, bastante a gusto a lo que parece, formando parte del Gobierno de coalición con Sánchez.


A quienes me han preguntado estos días por la oportunidad o la pertinencia de la convocatoria electoral de Isabel Díaz Ayuso, les he repetido que la presidenta de la Comunidad de Madrid ha echado un jarro de agua fría a la autocomplaciente conciencia de los políticos que demuestran su ansia de poder por el poder mismo.


Y Ayuso está más que legitimada para dar esa lección porque en este año de pandemia ha demostrado saber hacer uso del privilegio que es representar a los madrileños, para tomar en beneficio de ellos decisiones valientes que siempre eran criticadas para después ser asumidas por los mismos que las criticaban: desde el hospital de IFEMA, la construcción del Hospital Isabel Zendal en tres meses y diez días, la entrega de mascarillas FPP2, los test de antígenos, los cierres quirúrgicos por zonas básicas de salud, el pasaporte COVID… Medidas que han recibido el reconocimiento de los expertos dentro y fuera de España. Sin olvidar su decisión de conjugar salud y economía atendiendo siempre al criterio de los expertos para actuar en los focos y romper la cadena de contagios mientras el resto de los madrileños pueden seguir con sus vidas.   


Con la convocatoria de elecciones el próximo 4 de mayo, Ayuso ha impedido que el futuro de Madrid se rifara en una feria de las vanidades entre políticos que han demostrado anteponer su propia supervivencia a su deber de servicio a los españoles. Por ello ha convocado a las urnas a los madrileños, para poner en sus manos la decisión sobre el futuro de Madrid antes de que esa decisión se tomara en la Moncloa.  


Madrid se juega mucho en estas elecciones autonómicas, pero también España. La salida del Gobierno de Iglesias para competir contra Ayuso muestra la altura del desafío. Ayuso es el símbolo de la resistencia frente a quienes pretenden derribar la España constitucional; socavar la igualdad en derechos y libertades de todos los españoles; desacreditar el inmenso legado que representa la civilización española, como la llamó el ilustre Rafael Altamira, republicano exiliado; desalentar el espíritu del esfuerzo, el mérito y el emprendimiento con una fiscalidad confiscatoria; o imponer un estatismo asfixiante que prohíba a las personas ejercer su libertad incluso para tomar decisiones cotidianas como el colegio donde quieren educar a sus hijos o el médico y el hospital que les atienda.


Es la libertad lo que está en juego, y por eso también está en juego Madrid como locomotora económica de España y líder en creación de empleo pese a la crisis; como región que atrae más del 80% de las inversiones extranjeras de toda España y como comunidad con fiscalidad moderada que Ayuso quiere seguir bajando. La propia UE acaba de reconocer a Madrid como “Región Emprendedora Europea’ por su “estrategia para potenciar el emprendimiento empresarial”.


Pero ante quienes sostienen falacias como el “dumping fiscal” conviene recordar que este dinamismo económico de Madrid es solidario: es la región que más aporta, con enorme diferencia, al conjunto de la financiación autonómica en general y a los servicios públicos del resto de las Comunidades Autónomas en particular.


Ayuso ha demostrado en Madrid que hay otra forma de hacer política que garantiza el crecimiento económico, el empleo, el bienestar y la calidad de los servicios públicos, sin desatender a los que menos oportunidades tienen. Solo les recuerdo un dato: el informe internacional TIMSS sobre competencias escolares en matemáticas y ciencias demuestra que en la Comunidad de Madrid los alumnos con pocos recursos han obtenido diez puntos más que en el resto de España. Por no hablar de las oportunidades que ha brindado la posibilidad de tener dominio del inglés, independientemente del nivel económico de las familias, gracias a la continua apuesta por el bilingüismo implantado por Esperanza Aguirre.  


En definitiva, Ayuso ha demostrado lo que es posible conseguir cuando se tiene claro que la política es servir a todos tus compatriotas sea cual sea el sacrificio que tenga uno que pagar por ello. Esta es la clave de la (e)moción que encarna Ayuso: una enmienda a la totalidad a lo que Pedro Sánchez viene perpetrando día tras día en Moncloa y ha pretendido implantar en nuestra región mientras tapaba la boca a los madrileños. Pero el 4M estos tendrán la palabra.



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