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9-03-2021
COMUNIDAD DE MADRID
TURISMO| Madrid por descubrir
Los Molinos, valle de luz en la sierra
Por Luis Molina Aguirre, escritor


La localidad serrana reposa su singular arquitectura de piedra y siglos de historia, sobre un paraje natural de gran belleza con abundantes especies animales y vegetales



Amanece un nuevo día saludándonos con entusiasmo el cerúleo firmamento. Ese cielo azul y esa luz que tanto alababa Velázquez, ese mar garzo o añil suspendido sobre nosotros, con sus nubes como espumarajos marinos que nos hace albergar la esperanza de una vuelta a la normalidad a no tardar mucho. Continuamos, pues, con esta serie de artículos que nos llevarán a conocer los rincones más significativos de nuestros muchos pueblos de la Sierra Madrileña. En esta ocasión pondremos rumbo a un municipio muy singular, cuya idiosincrasia está fuertemente influenciada por la Sierra de Guadarrama y por la luz, pues no en vano en su escudo reza: “Los Molinos, valle de luz en la sierra”.


Así, pues, bien arrebujados y con mucho ánimo, ponemos rumbo al municipio de Los Molinos, situado en el valle alto del río Guadarrama y a tan solo 52 kilómetros de la capital. La localidad, como no puede ser de otro modo con acceso directo al Parque Nacional de Guadarrama, debe su nombre a los antiguos molinos con que contaba la zona y de los cuales aún hoy se pueden encontrar algunos restos. Su denominación aparece indicada en las vías de comunicación desde antaño y es muy posible que la calzada romana que atraviesa el bello puerto de la Fuenfría pasase por el lugar donde se establecieron los primeros pobladores. Es sabido que en la Edad Media pasaba un ramal de la Cañada Real de la Mesta por donde pasaban las ovejas Merinas. Por esta razón, posiblemente, en el siglo XIII los ganaderos formaron un asentamiento estable en Los Molinos pasando a formar parte de El Real de Manzanares hasta el año 1667, fecha en la que se le concedió al municipio el título de villazgo.

Llegamos al municipio y aparcamos sin dificultad, el aire huele a madera quemada, a pueblo serrano y su arquitectura tradicional realizada en piedra y de trazados irregulares, despierta en nosotros esa paz interior que tanto ansiamos los urbanitas en nuestro enloquecido día a día. Hay mucho que ver, pero a pesar de todo, el tiempo apremia y, desde donde hemos dejado el coche, el lugar más cercano para visitar es el propio Ayuntamiento que se halla en la la Plaza de España. Se trata de un lugar amplio, por ello es aquí donde se celebran los bailes y los actos más destacados de las fiestas patronales, de las que hablaremos más adelante. Destaca el bonito ayuntamiento de construcción acorde con la arquitectura tradicional de la zona, con piedra de granito y vigas vistas de madera que sujetan la techumbre cubierta por tejas rojas. La suave, pero fría brisa, trae hasta nuestras pituitarias el aroma del café procedente de un restaurante cercano. Como ratitas hipnotizadas por los acordes sibilinos emitidos por el flautista de Hamelín, acudimos a la llamada del mágico líquido oscuro a fin de calentar por un instante nuestras enrojecidas manos.

Pagamos al amable camarero, para guiar nuestros pasos hacia la cercana Parroquia de la Purísima Concepción. No obstante, antes de llegar a esta, hacemos un obligado alto en el camino junto a la bella y curiosa Fuente del León, situado en la plaza del mismo nombre. Esta, está construida en sempiterna piedra granítica, coronada por la estatua de un león tumbado. Tras ella, podemos apreciar la silueta de la austera pero bonita parroquia, muy en consonancia con la edificación del municipio. El templo data del año 1570 y es de estilo renacentista. De planta en forma de cruz latina, consta de una sola nave con bóveda de medio cañón. Sin duda, en su interior es de destacar el retablo de estilo barroco y, en el exterior, como no podría ser de otro modo, la espadaña con sus dos campanas y a modo de perfecta boina, el nido de cigüeñas que le dan un toque natural a esta monumental construcción humana.


El sol, un poco débil, quizá cansado, seguramente simplemente apagado por la época del año en la que nos encontramos, rasga las pocas nubes existentes con sus rayos para llegar hasta nosotros y acariciar con sus invisibles y cálidos dedos nuestros rostros. A pesar de ello, nos embutimos en nuestros abrigos y caminamos lentos, dejándonos embriagar por la paz, el aire limpio de la montaña y por las serranas construcciones tan típicas de nuestra Sierra Madrileña. Atravesamos el municipio de este modo hasta llegar a otra de nuestras visitas obligadas, la Ermita de San José. Esta se muestra ante nosotros como algo idílico por su construcción rural, por el entorno en el que está ubicada y, por supuesto, por el magnífico horizonte natural que se halla tras esta. La ermita de San José data del año 1737, es de estilo neoclásico y, como indica un cartel cercano, se encuentra dentro del parque de don Francisco Rodríguez Padilla, médico de la localidad durante mucho años. ¡Ay!, los médicos, cómo no dedicar un parque a uno de ellos ¿qué habría sido de nosotros sin ellos, más aún en los tiempos que nos ha tocado vivir? El mismo cartel que nos indica el nombre del parque, nos dice que la construcción es de gran sencillez, constando de una única nave rectangular, realizada a base de sillares irregulares. El tejado a cuatro aguas cubierto con tejas y la pequeña espadaña con su campana y cruz, dan al edificio un toque que invita, sin duda, a la meditación. Apreciamos que, en el terreno que rodea al edificio, persisten los restos de un antiguo viacrucis formado por un conjunto de tres cruces de piedra que conforman un calvario y por una cuarta cruz que se halla separada del resto. Como detalle de esta construcción, es de destacar que el templo permaneció fuera del núcleo urbano hasta el siglo XX y así lo indica el mencionado cartel.


Sin duda, otra de las visitas obligadas es la Casa Museo Julio Escobar. Se trata de la vivienda donde falleció el escritor arevalense Julio Escobar Cubo, conocido como “El novelista de Castilla” por sus novelas costumbristas y cuyas obras reflejan el mundo rural como pocos lo han logrado. La obra “Azulejos españoles, pasiones, costumbres, paisajes” del año 1947 le hizo adquirir notable fama como escritor, empero esto no fue sino el inicio de lo que después serían los importantes libros de viajes. En este género su mayor éxito fue “Itinerario por las cocinas y bodegas de Castilla” de 1951. Y, como es sabido, otras obras con difícil parangón.


En cuanto a la Casa Museo, en el año 2011 fue inaugurada como tal, comenzando con una sala de exposiciones. Ya en 2017 es cuando se inaugura el museo con las pertenencias y recuerdos del escritor y su esposa, cumpliendo de este modo la última voluntad de don Julio. En él se pueden encontrar libros, medallas, armas, cuadros, tinteros, objetos religiosos, pinturas, fotografías… Sin duda una razón más para visitar este gran municipio madrileño.


A nuestro pesar, toca volver al vehículo, pero antes de regresar a la gran ciudad, dirigimos el rumbo hacia la ermita Santísima Virgen del Espino, ya que no podemos marcharnos sin hacerle una visita, aunque esta sea fugaz. La ermita fue edificada en 1962 a iniciativa de algunos vecinos del municipio. Esta se halla cavada en la misma roca y aunque su tamaño es ciertamente sucinto, resulta sobrecogedor contemplar al otro lado de una reja, el altar de la Virgen del Espino, así como el arco realizado en granito.


Nos dejamos muchas cosas por ver y hacer, pero el tiempo es ese severo señor que pasa inexorable para todo el mundo por igual. Dejamos pendiente, pues, visitas como la de la capilla del Carmen, datada en 1930; rutas de senderismo como la de las Dehesas de Los Molinos, la de la subida a La Peñota o la de los Búnkeres, entre otras. También nos apuntamos la visita a este municipio en fiestas, donde se puede disfrutar de los tradicionales encierros, ferias taurinas y, cómo no, bailes populares. Estas fiestas se celebran en el mes de septiembre en honor al Cristo de la Buena Muerte, el cual no es solo el patrón de la Legión, sino que también lo es de este singular, bello y tranquilo municipio de obligada visita para todo aquel que no lo conozca y, para el que ya lo haya visitado, volver a disfrutar de uno de nuestros pueblos típicos de la Sierra Madrileña.





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