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2-11-2020
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Madrid como antónimo de nacionalismo
Por Carlos Díaz-Pache, Diputado del PP en la Asamblea de Madrid


Ciertos políticos y medios de comunicación de la izquierda están deslizando la idea de que el gobierno de la Comunidad de Madrid se está entregando a la tentación nacionalista. Se refieren a esa política de división y reivindicación constante de lo propio frente a lo ajeno, a la confrontación permanente que siempre reclama privilegios exclusivos por razones históricas, identitarias, raciales o de idioma.

Hablar de Madrid en términos de cerrazón y egoísmo es como pregonar que los españoles no saben divertirse, que Rafa Nadal es soberbio y altivo, o que el socialismo crea empleo. Es una absoluta contradicción. Madrid, y sus gobiernos de los últimos 25 años, son sinónimo de apertura, de libertad, integración y generosidad.

Madrid es tierra de acogida y por eso aquí no hablamos de inmigrantes, sino de nuevos madrileños. Porque tener un plan de vida en Madrid te convierte en uno más, vengas de donde vengas y seas como seas. Madrid es chotis y callos, pero también es flamenco, paella, kebab y jazz. Es hispanoamérica y Europa. Es Chamberí, Marrakech y un pueblo de Badajoz.

Madrid no puede ser nacionalista porque Madrid es universal y en esa universalidad está su esencia. No son solo gatos, aquí tenemos a todo el zoo. Ketama decía ¡Vente pá Madrid!, invitándonos a ese lugar donde según Sabina se cruzan los caminos, a esa ciudad donde Agustín Lara nos prometía ver lo que es canela fina, y armar la tremolina, y donde la Puerta de Alcalá sigue, como siempre, viendo pasar el tiempo.

Un Madrid abierto y atractivo que es capaz de captar el 75% de la inversión extranjera y aportar el 68% del fondo de solidaridad para sostener los servicios públicos de otras comunidades autónomas. Una región con 179 municipios grandes y pequeños a la que llegan empresas y profesionales, personas y capitales, familias y proyectos.

Un Madrid con un espíritu plural, indómito y radicalmente libre que debe defenderse de los ataques para poder seguir existiendo. Y reivindicar un trato justo no es pedir privilegios. Reclamar lo mejor para los madrileños no es nacionalista sino exactamente lo contrario. El gobierno de Isabel Díaz Ayuso lleva meses pidiendo a Pedro Sánchez justicia, lealtad, equidad y seguridad. Que dejen de inventar restricciones que perjudican a los madrileños y sólo a los madrileños. Y no lo hace por razones históricas, identitarias o políticas. Lo hace porque no puede aceptar que la arbitrariedad limite los derechos fundamentales de nadie.

Las últimas semanas han demostrado varias veces que Madrid tenía razón. Los datos epidemiológicos han confirmado que la estrategia sanitaria era eficaz; los tribunales, que las imposiciones del ministerio fueron un atropello; el inminente final de las obras del nuevo hospital de emergencias, que Madrid ha sido previsor; y el Estado de Alarma diseñado a medida, que a Sánchez le mueven más el orgullo y la rabia que la vocación de servicio.

Ayuso ha defendido con uñas y dientes que el gobierno socialcomunista no utilizase a los madrileños de rehenes, y que se centrase en proteger la salud de todos sin llevarnos a la ruina más absoluta. Porque contra cualquier tentación nacionalista, aquí se defiende por igual a cada una de las personas únicas e irrepetibles que viven en este espacio de libertad y oportunidades que orgullosamente llamamos Madrid.






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