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5-07-2020
SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS
La cara más humana de la pandemia
“Doña Mercedes, la alcaldesa, no me dejaba ni a sol ni a sombra, pobrecita mía, la quiero muchísimo, como a una hija”
Concepción Martín, vecina de San Martín de Valdeiglesias, ha encontrado en la regidora pinche el refugio y el cariño que ha necesitado para afrontar la soledad de esta durísima emergencia provocada por el Covid-19


Se dice que en los momentos difíciles es cuando el ser humano saca lo mejor o lo peor de sí mismo y, por tanto, es cuando se ponen al descubierto las almas de esas personas. Y cada día, suceden en el mundo grandes y pequeñas historias, que suelen pasar desapercibidas. Hoy, desde el Sierra Madrileña, queremos darles cuenta de una historia que nos ha conmovido especialmente, y que se ha vivido en nuestra comarca, concretamente en la localidad de San Martín de Valdeiglesias.

Concepción M. S. tiene 84 años y vive sola en un piso céntrico de esta bella localidad madrileña. Define su casa como “humilde” pero rebosa recuerdos y fotografías. Cuenta con la compañía de un pequeño chiguagua de nombre Chuli que ya tiene trece años, “está muy malito el pobrecito, está muy mayor, le pasa lo que a mí” nos explica con cierta tristeza.


Cuenta con la ayuda de una persona gestionada a través de la Comunidad de Madrid, que va por las mañanas a su domicilio para atenderla en cuestiones de salud y personales como el aseo, la casa, o las compras. Durante el estado de alarma ha podido contar con su ayuda un par de horas por las mañanas, pero el resto del tiempo prácticamente se encuentra. Y es que Concepción tiene dos hijas a las que no ha podido ver durante los tres últimos meses debido al decreto del confinamiento, ya que una vive en Cebreros y la otra, en San Sebastián de los Reyes pero en este momento se encuentra bastante delicada de salud.


Doña Concepción, ¿cómo ha pasado estos días de confinamiento?


Pues muy sola, he estado muy solita. Me he apañado porque por las mañanas viene una niña a ayudarme a hacer las cosas de la casa, ir a la compara, bañarme y estas cosas… Hace siete años que está conmigo y la quiero mucho.  También me ha ayudado mucho estos días doña Mercedes, la alcaldesa.


¿Conocía usted a la alcaldesa?


La quiero mucho a Mercedes. La he conocido desde que ha pasado todo esto. Bueno, la conocía de antes, pero no la había tratado. Cuando ha pasado esto, ella me llamó por teléfono  y  me dijo que si necesitaba alguna cosa, si necesitaba para que fueran a hacer la compra o cualquier otra cosa, que se lo dijera a ella para que me mandaran a alguien del Ayuntamiento (servicios sociales….Protección Civil).

Así empezamos a hablar, y ella para mí es una bella persona, muy buena mujer, muy buena… Disculpe que yo no sé hablar muy bien, yo solo sé hablar lo que siento. Y puedo hablar de lo que están haciendo y de lo que han hecho por mí.


Empezamos a hablar y ella me dio un número de teléfono y no el de la alcaldía, sino su número personal  para que yo la pudiera llamar cuando me pareciera bien o cuando tuviera algún problema. Entonces yo la empecé a llamar para contarle algunos problemillas que me pasaban.


Así que usted la ha podido llamar cuando lo ha necesitado…


Sí. ¿Sabe usted? Yo tenía que cobrar la pensión, pero es que tengo las piernas muy mal, con muchos problemas de circulación, vamos hecha una pena y me dijo que me mandaría una pareja de protección civil y que me acompañarían a cobrar. Y, efectivamente, estaba en la puerta de mi casa con los dos guardias y me iba a poner la mascarilla que me trajeron, porque me trajeron una mascarilla y unos guantes, y el guardia me ayudó a ponérmela y me agarró la bolsa y me llevaron a cobrarla.


Parece que de esas conversaciones continuadas ¿ha surgido mucho cariño y complicidad entre usted y la alcaldesa?


Durante todo este tiempo que ha pasado esto que no sé bien cómo pronunciar, hemos seguido hablando mucho la señora alcaldesa y yo, entonces Mercedes me dijo, “un día le voy a ir a visitar”. Y yo le contesté “cuando usted quiera, doña Mercedes” (porque yo le hablo de usted).  Y la mujer me cogió tanto cariño que un día se me presentó aquí. Así que vino doña Mercedes, y yo la acogí con un cariño como si fuera una hija mía,  y no me dejaba ni a sol ni a sombra, pobrecita mía, la quiero muchísimo, como a una hija. Para mí es muy buena, muy buena persona, ¿sabe? Me  está arreglando unos papeles y ayudando con algunas cosillas.


En su situación delicada, seguro que toda ayuda es bien recibida…


Yo tengo una pensión no muy alta, como tengo que pagar la calefacción en invierno, no me llegue la pensión para pagar todos los recibos y no me llega ni para comer, doña Mercedes me ha enviado algunas cosas para comer. Vino el otro día una persona de Protección y me lo trajo.


No es muy común que un alcalde o alcaldesa llame en persona a sus vecinos para interesarse de una forma tan cercana por su situación. ¿Le sorprendió la primera vez que la llamó la alcaldesa?


No me sorprendió porque cuando ha empezado esto, que yo no sé cómo se llama, ni cómo se dice,  pues yo todas las tardes cuando a las ocho pasaban por aquí todos los coches del Ayuntamiento, la ambulancia y todas esa gente, yo me iba a mi ventana y aplaudía con una vecina de enfrente.  Cada tarde aplaudíamos las dos. Y, entonces, el día que vino a mi casa doña Mercedes, la alcaldesa, me dijo” ¿esta es la ventana donde se ponía usted a aplaudir?”  A mí me hizo mucha gracia que supiera eso y le dije “¿usted como los sabe?” Y ella me contestó: “Pues mire… me lo ha dicho un pajarito”. Así que me tenían fichada…yo todos los días me iba a la ventana y aplaudía y no sé si es que salí en alguna foto, el caso es que ella me preguntó lo de la ventana.


Doña Concepción, parece que la situación se va mejorando poco a poco, a pesar de que hay que continuar teniendo mucha prudencia…


Yo lo que quiero es saber si mis hijos pueden venir pronto y los puedo ver. Porque yo no puedo ni andar ¿sabe usted? Si bajo la cuesta ya no la puedo subir. Pero como mis hijos no han podido venir pues todo lo he tenido que pasar solita. Yo tengo mis nietos, y no quiero morirme sin antes verlos.


Pues seguro que pronto los va a poder ver, porque ellos también estarán deseando verla a usted


¡Uy, sí, sí, porque me quieren mucho! Y yo los quiero a ellos mucho más.


Nos despedimos de Concepción con la sensación de haber tenido el privilegio de conocer a una mujer fuerte, luchadora y valiente. Una mujer que hace más de 40 años tuvo el coraje de viajar a Alemania donde la esperaba su marido, para trabajar, permaneciendo allí durante tres años hasta que su estado de salud les empujó a regresar a España.  Una madre que perdió un hijo poco tiempo después de haber perdido a su nuera y, posteriormente, tuvo que asumir el fallecimiento de su marido. Sin duda, todo un ejemplo de fortaleza.

En la soledad, la incertidumbre y el miedo provocados por el confinamiento forzoso de una dramática pandemia que se ha cebado especialmente con nuestros mayores, Mercedes Zarzalejo, ha tenido la capacidad de devolverle la ilusión y de hacerla sentirse querida, protegida y acompañada. Un ejemplo más que claro de lo que significa tener verdadera vocación de servicio.


Gracias a ambas por haber protagonizado una de esas historias que pasan desapercibidas pero que logran sacar lo mejor del ser humano. Mucha suerte, Concepción, ojalá que muy pronto puedas ver a tus hijas y abrazar a esos nietos que tanto adoras.



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