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17-05-2020
AQU S HAY PLAYA
Ministerio de la Nueva Felicidad
Por Pedro Corral, periodista y escritor, diputado del PP en la Asamblea de Madrid


Asumo que la tentación de muchos españoles respecto del Gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es quedarse en la anécdota y no en el fondo de su modo de actuar. Puede que este sea en realidad el gran logro del experto en mercadotecnia que dirige los destinos de la Moncloa: atraer el foco de nuestra atención a la superficialidad en que se deslizan, como los zapateros sobre los estanques, la mayoría de los miembros del Ejecutivo.

El hecho de que Sánchez repitiera incansablemente “nueva normalidad” en su rueda de prensa del pasado 29 de abril, acabó convirtiendo la expresión en una anécdota más de sus largas homilías sabatinas. Pero vayamos más allá de la superficie y adentrémonos en el fondo de lo que supone que un presidente del Gobierno acuñe oficialmente un concepto para dictar lo que será a partir de ahora la vida de los ciudadanos y la realidad de nuestra entera nación.

Si nos fijamos bien en la intención aparentemente inocua de esa maniobra terminológica, no podemos sino descubrir los reflejos de una inquietante criatura abisal de la que nos llegan, por el momento, solo los destellos de las bacterias bioluminiscentes con las que, en perfecta simbiosis, los peces de las “zonas del hades” oceánicas suelen atraer a sus presas hacia sus fauces negras de afilados colmillos.

Ya es de por sí alarmante la sola formulación, en boca del jefe del Ejecutivo, de una “nueva normalidad” para ocultar el desastre económico y social que está por venir debido a la imprudente actuación de su Gobierno ante las alarmas internacionales sobre la pandemia. Es inaceptable, además, que esta ocultación de la realidad se difunda desde todos los canales oficiales, ya sea en las ruedas de prensa de Moncloa, las intervenciones en el Parlamento o las mismísimas páginas del BOE, costeados por los propios contribuyentes a quienes se les vende esta dosis delirante de irrealidad propugnada por el Gobierno.

La realidad que está por venir, y que ya lo está haciendo bajo los efectos de la crisis económica y social que nos ha deparado la pandemia, será muy distinta a la de antes del coronavirus. Sin duda, lo será. Todos sabemos que se van a producir cambios, y que algunos serán radicales o al menos inimaginables hace cuatro meses. Pero esa propensión de Sánchez a establecer esa realidad como “normalidad” es un insulto a la inteligencia, y no basta con calificarla de “nueva”, “vieja” o de “mediana edad” para intentar disimular que es una tremenda falsificación.

Esta maniobra tiene innegablemente una raíz totalitaria. Porque lo de menos es el término, da igual que sea “Nueva Normalidad” o “Revolución Cultural”, “Gran Cambio” o “Nueva Etapa Revolucionaria”, lo trascendental es la intención autoritaria de imponer a los ciudadanos una falsificación diseñada y propagada desde el poder al servicio de los intereses del poder mismo.

Es un desvarío que desde Moncloa se nos ponga a todos los españoles unas anteojeras pensadas para que veamos la realidad al gusto del Gobierno, y no hablo solamente de las escandalosas piezas de los informativos de la televisión pública con retratos de Fidel y del Che subrepticiamente puestos en el tiro de cámara.

En primer lugar, habrá que discutir qué significa para el Gobierno lo de “nueva”. Cada cual podemos tener más o menos nuestra idea de lo que puede venir, y estoy seguro de que la inmensa mayoría, aun aceptando que nos enfrentamos a un cambio, deseamos que tenga poco de nuevo y pueda parecerse más a lo que hemos vivido antes. Estoy seguro de que todos intentaremos que la normalidad sea como la de siempre, salvo cuando sea irremediable de todo punto que no lo sea.

En segundo lugar, me gustaría saber qué entiende Sánchez por “normalidad” cuando sus propios pronósticos prevén un desplome del PIB del 9,2% este año y una tasa de paro que llegara al 19%, pronósticos que todos los expertos consideran que se han quedado cortos ante la hecatombe que se nos viene encima. Si se trata de disfrazar una crisis posiblemente aún peor que la de Zapatero en 2008 con el sello de la “nueva normalidad”, más le vale a Sánchez ir pensando en otra fórmula porque la miseria y el paro es todo menos “normalidad”, salvo en los países sometidos al yugo de la doctrina comunista de sus socios de coalición.

Creo que los españoles han demandado siempre, y lo demandarán mucho más ahora con razón, que los políticos no disfracemos la realidad. Buena parte del acierto y del liderazgo de la presidenta Ayuso y el alcalde Martínez-Almeida se ha fundamentado en hablar claro y no esconder a los ciudadanos la gravísima realidad de una pandemia que se ha cobrado ya la vida de casi 27.000 compatriotas.

Bajo la acuñación oficial de “nueva normalidad” asoma la voluntad de ocultar la grave crisis que ha generado el Gobierno con el vano intento de frenar su “desescalada” en la confianza de los españoles. ¿Quién puede descartar que en un futuro cercano no tengamos un nuevo Ministerio, el número 23 de este Gobierno ya elefantiásico, con el orwelliano nombre de Ministerio de la Nueva Felicidad, inspirado en ese Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo creado por el dictador Nicolás Maduro?

Sánchez está a un paso de hablarnos de la “Nueva Felicidad”, tan confiado parece estar en tenernos engañados respecto a la auténtica realidad de la crisis que ha provocado su Gobierno.De momento se ha quedado en la “nueva normalidad”, término creado en los ambientes financieros para describir el mundo después de la crisis de 2008, pero que Sánchez difunde con clara intención manipuladora a través de todos los recursos y resortes del poder con la confianza de que los españoles no veamos la auténtica realidad de un Gobierno sin ideas ni capacidad para afrontar la mayor tragedia en vidas que ha sufrido nuestra nación desde la Guerra Civil. Pero si hablar de “nueva normalidad” es una fórmula de aliento dictatorial, deviene ya en puro totalitarismo cuando además se intenta señalar y denunciar a quien pone de manifiesto la responsabilidad de Sánchez y sus socios en la crisis que ya tenemos encima.



 


 



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