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8-09-2018
COMUNIDAD DE MADRID
Cuidados intensivos para especies autóctonas de la región
El Centro de Recuperación de Animales Silvestres atendió a casi 3000 animales heridos en lo que va de año


La Comunidad de Madrid cuenta con un Centro de Recuperación de Animales Silvestres (CRAS) en el que ingresaron casi tres mil animales durante los siete primeros meses del año, 2.011 de fauna autóctona y 923 de especies exóticas. En 2017, se recibieron 3.062 animales.

El CRAS, ubicado en la Vereda de la Desuelta de Tres Cantos, es uno de los mayores y más avanzados hospitales de animales silvestres de España y uno de los más destacados de Europa. Su objetivo es "la salvaguarda y recuperación de la fauna autóctona protegida, mediante el cuidado, mantenimiento, recuperación y posterior devolución al medio natural de los ejemplares de especies que se encuentren incapacitadas para la supervivencia en su propio medio", según fuentes del Gobierno regional.

El 60 % de los animales que llegan al CRAS son tratados, recuperados y, posteriormente, reintegrados en el medio natural. Aves –vencejos y ratoneros, principalmente–, mamíferos y reptiles son las especies más recibidas. El tiempo medio de estancia es de dos meses, aunque depende de la causa del ingreso. Hay enfermedades o lesiones que requieren más tiempo de recuperación y rehabilitación: las aves más pequeñas como el gorrión pueden volar en aproximadamente un mes desde que nacen, mientras que un buitre recién nacido puede necesitar de cinco a seis meses.

El centro, emplazado en límite de Madrid con Tres Cantos y abierto todos los días del año, realiza un chequeo completo de cada animal ingresado para detectar lesiones y síntomas, así como determinar la causa de su ingreso mediante una recopilación de información para saber de dónde viene, en qué circunstancias ha sido encontrado y qué se sospecha que ha podido ocurrir.

Durante el periodo de tratamiento los animales están en una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y reciben cuidados diarios según la pauta veterinaria o, en caso necesario, cirugías. Los pollos que ingresan sin lesiones pasan a la sala de cría, donde se introducen en incubadoras, y se mantienen en ellas mientras reciben cebas apropiadas para su crecimiento. Por último, llega la fase de rehabilitación, en la que se fortalecen sus músculos hasta que mejoran el vuelo y vuelven a ser capaces de volar y cazar. Una vez que cazan, los animales del centro son reintroducidos en su hábitat.

Investigación forense y vigilancia epidemiológica

Por otra parte, entre las funciones del CRAS está la investigación forense veterinaria para intentar esclarecer las causas de muerte de fauna salvaje que pudiera incurrir en delito. De los 2.934 ingresados en 2018, 308 han entrado como cadáveres o muestras para determinar mediante necropsia y análisis las causas de la muerte.

El centro también se ocupa de la vigilancia epidemiológica de enfermedades importantes y para ello toma muestras de manera rutinaria de los animales ingresados, para prevenir enfermedades transmisibles al hombre o a la cabaña ganadera como tuberculosis, enfermedad de Lyme o Leishmania.

Otra parte de los ingresos, 216 en este año, han sido para eutanasia bajo criterio veterinario y por razones humanitarias, con el objetivo de evitar el sufrimiento animal, siempre que se considere que las lesiones que presentan son muy graves e incompatibles con la vida.

Asimismo, es importante el papel que desempeña el CRAS en el control y reducción de poblaciones de especies exóticas invasoras como el mapache, el visón americano o la cotorra argentina.

RECUPERACIÓN Y CONTROL DE FAUNA SILVESTRE

En 2018, el Gobierno regional aumentó el presupuesto destinado a la gestión y mantenimiento del centro en casi un 15%, alcanzando los 422.000 euros.

Desde su apertura en junio de 2010, el CRAS ha atendido a más de 26.000 animales. Llegan entregados por particulares, agentes forestales, agentes de Policía Local y del Seprona, o bien los recoge el propio personal del centro tras recibir un aviso. También proceden de incautaciones o cesiones por parte de sus propietarios. A veces llegan enfermos o heridos tras haber colisionado con vehículos, vallados o tendidos eléctricos; en otras ocasiones, se trata de pollos que se han caído del nido o crías que se han desorientado y perdido.



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